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lunes, diciembre 05, 2016

Can I ask you...for a dance?






Si no conoces la cultura japonesa, los problemas de las estudiantes y su entorno en Japón esta escena pierde mucha fuerza. Sailor Moon es una obra muy, MUY japonesa, que representa mucha de su cultura del día a día allá en Japón, centrada sobre todo en los problemas y vivencias comunes de las estudiantes adolescentes.

Makoto (o "Patricia" aquí) representa uno de esos casos de bullying silencioso a las que son sometidas las estudiantes japonesas por ser diferentes. Aquí diréis "bueno, aquí también hay discriminación de ese tipo" y sí, es cierto, y sigue siendo grave. La cosa es que no es el mismo tipo sociocultural ni el mismo tipo de abuso. La sociedad japonesa valora más la homogeneidad y eso se refleja muy mucho en la vida diaria y estudiantil.

Makoto es alta. Mas alta que los chicos de su edad. Una chica más alta y además más fuerte que los chicos en una sociedad tan machista como la japonesa conlleva no solo el rechazo por parte de los chicos (que se sienten "inferiores" ante una mujer así), si no también por parte de las chicas, que desprecian todo lo que se salga del estándar. En Japón una muchacha con el físico de Makoto está empujada a la soledad, o bien a ser pandillera (que el tema de las pandilleras japonesas da para un libro por sí mismo, de nuevo la cosa es mucho más exagerada que aquí), y es exactamente como introducen a Makoto: cuando entra en el Instituto ya se presupone que se ha peleado en su antiguo colegio y que la han echado por violenta. Éste pensamiento genera que Makoto se aisle para evitar problemas, y al aislarse refuerza el miedo y el rechazo que hay hacia ella. Es un ciclo vicioso en donde muchas estudiantes caen: son rechazadas por chicos y por chicas. Y muchas veces este rechazo lleva al ostracismo y a convertirse en personas realmente violentas en busca de una identidad que sea "aceptada" para ellas.

Sailor Moon es una serie divertida, para niños u niñas, lo que no quita que Naoko Takeuchi supiera muy bien lo que estaba haciendo.

viernes, agosto 19, 2016

Yo también quise ser Cazafantasmas


Hoy os quiero contar una cosa de mi niñez que igual no he comentado antes, por no darle importancia real. Y no es que la tenga en el fondo, mi infancia fue feliz, pero sí que fueron datos que igual la gente no ha vivido o no se es consciente de que ocurren:
Cuando era pequeña me gustaban mucho las series y juegos consideradas "de chicos". Esto no es nuevo, a muchas niñas que crecieron en los 80-90 les pasó, porque, en realidad, lo que era "de chicos", no era tal. A mi particularmente me encanta una serie que se llamaba Galaxy Rangers (Guardianes de la Galaxia en España). Esta serie trataba sobre un grupo de "policias" espaciales con caballos robot y contaba con el grupo típico de los 80 (y que aun se conserva ahora): el prota, el personaje hecho para molar, el personaje negro y la chica. Pese a ser un grupo estereotípico hasta decir basta, la verdad es que los cuatro estaban bien definidos y bien escritos, pero claro...todos, TODOS los niños querían ser Shane Gooseman , el "personaje hecho para molar". Tenía dos pistolas a modo de vaquero y poderes de invulnerabilidad (estaba basado en Clint Eastwood), TODOS QUERÍAN SER ÉL AL JUGAR.

Y yo jugaba Galaxy Rangers, con mis primos, como muchos niños. Y yo también quería ser Shane Gooseman, como todos los niños. Pero...pero no me dejaban. Es que yo era una chica, y no podía jugar como un chico. Así que tenia que hacer de Nico, la chica, que de hecho es un buen personaje, pero me daba igual: yo quería a Shane, COMO TODOS. Pero no podía. Nunca jugué como Shane Gooseman. Siempre fui Nico... a veces me dejaban ser otra chica que salia aleatoriamente en episodios esporádicos, pero nunca un chico. Y la culpa no es de mis primos, éramos solo niños, es que esto era así en todos lados.

En el patio del colegio, jugábamos a Dragon Ball. Yo era la única chica que jugaba... y me tocaba Chichí. Me negaba a jugar de Chichí de mayor, "porque no hacía nada" (recordemos que al casarse se retira, como todas las chicas en Dragon Ball) así que yo era Chichi de niña mientras todos los demás eran supersayans y claro, salia perdiendo. Al llegar C18 tuve un respiro. Y lo triste es que tuviese que llegar C18 para poder jugar con un personaje al nivel (hasta que, de nuevo, se casa y adiós...)
Con los Power Rangers, igual. En este caso, o me tocaba la rosa o, con mucha suerte, la amarilla. Habían DOS, Y GRACIAS.

La llegada de Sailor Moon fue un respiro glorioso. Por fin las niñas podíamos jugar como guerreras al 100%, no éramos "el personaje chica". Además, a raíz de Sailor Moon muchas de mis amigas que antes no jugaban a ese tipo de juegos SE ANIMARON A JUGAR. Creo que la época de Sailor Moon en el cole fue de las más felices de mi infancia, y quizá por eso le tenga un cariño especial a la serie: las chicas por fin no jugábamos para rellenar el hueco del "obligatorio personaje chica", sino que éramos heroínas completas, peleábamos, nos defendíamos, no éramos el soporte emocional de nadie ni estábamos ahí por nadie. De hecho, el soporte emocional era un hombre, lo cual era bueno en ambos lados: las niñas veíamos a ese personaje como un compañero al que proteger (cosa que no pasaba NUNCA), y los niños podían ver que podían ser emocionales, atentos, cariñosos. En esa época no me di cuenta, pero ahora con mis añetes entiendo lo mucho que hizo Sailor Moon por las niñas de mi época, y jamás tendré suficientes palabras para agradecérselo. De hecho, no tengo "sailor favorita". Las primeras cinco son maravillosas para mi, cada una con su personalidad, sus ataques y sus manías. Gracias a esas Sailors volví a jugar con mis amigas (antes estaba en el grupo de los chicos del cole), y eso me hizo muy feliz.


Mientras eso sucedía, hay que decir que mi imaginación no podía contentarse solo con jugar con los escasos personajes femeninos de las series. ¿En Oliver y Benji me imaginaba como animadora? Por supuesto que no. Yo era Benji. En mi mente, era Benji.


En Indiana Jones, yo no era Indiana Jones, sino un personaje femenino propio que yo misma me inventaba e introducía mentalmente en la película. Hice eso tantas veces...

A veces me imaginaba como "el protagonista" pero con un cambio de sexo mental, y otras veces agregaba libremente un personaje femenino con idénticas propiedades al protagonista masculino que también vivía aventuras (esto lo hice mucho con Las Tortugas Ninja o...bueno, Ghostbusters)
Pero generalmente nunca me identificaba con las chicas de las películas. Nunca.
O bien no me dejaban jugar con el personaje que me gustaba, o bien me inventaba yo un personaje desde cero, o bien me imaginaba que era el prota...

La cosa es que cuando me imaginaba que era el prota.... y ahora recuerdo con vergüenza.... había veces en donde tenía que parar de jugar porque pensaba.... "es que no pega en chica".

Ese protagonista que me gustaba, ese personaje femenino que me inventaba... "no pegaba siendo una chica". Eso es lo que me transmitían las series, la películas, el patio del cole... que claro, eran todo chicos porque las chicas... las chicas no pegaban en esos papeles. La chicas no salvaban a los chicos, ni se enfrentaban solas a los peligros, ni podían actuar fuera de un grupo de hombres...es que era raro.

¿Cómo va a ser una chica la aventurera que salva al príncipe? eso era ridículo. ¿Cómo iba a ser una chica la que observara al chico que amaba desde lejos, queriendo demostrarle su valía para enamorarlo? eso era absurdo. ¿Cómo un grupo de mujeres solas (salvo las sailors, bendita serie...) iba a vencer a un monstruo? Las chicas no hacen eso. Las chicas planean, ayudan, dan soporte emocional...pero no salen a primera linea.

Y ahora, en 2016, más de 20 años después de mi niñez veo fotos de niñas con monos grises, con mochilas con pistolas láser, veo niñas con ganas de comerse el mundo y salir a pie de guerra, a niñas que no les hace falta cambiar el sexo en su mente de sus personajes preferidos, que no les hace falta inventarse ningún personaje chica para sentirse dentro de la aventura, ¡hasta tienen su propio "Shane Gooseman" en chica en la fantástica Jillian Holtzmann!

Por eso, te puede gustar o no la nueva de Cazafantasmas. No voy a entrar por ahí. La película no es perfecta.

Pero aunque seas un firme detractor de la nueva versión, hay un par de cosas que son verdad:

- Ésta película NO ES para nosotros, los treintañeros. Podemos verla, podemos disfrutarla o detestarla, pero NO SOMOS SU TARGET. Nosotros tuvimos ya a nuestros Ghostsbusters. Y esos van a SEGUIR SIEMPRE AHÍ. Ni han desaparecido con la nueva peli, ni van a desaparecer JAMÁS. Y si crees que una peli nueva va a arruinar las clásicas, entonces es que no las viviste tanto como pensabas.


- Esta película.... películas así, hacían falta. Hacen falta. Necesitamos más respiros, más "Sailor Moon" para otras niñas. Incluso mejores que Sailor Moon, porque eliminan lo que muchas pelis también tienen como norma: la sexualización. No son Lara Crofts perfectas, son mujeres que podemos ser TODAS.


Necesitamos que las niñas vean que sí pueden. Claro que pueden. Y no solo eso: las niñas necesitan ver que pueden, y los niños necesitan darse cuenta de que, por una vez, si son ellos los que se identifican con personajes femeninos...no pasa nada.







viernes, mayo 13, 2016

MALDITAS BASTARDAS. LO QUE LEERÁS TE SORPRENDERÁ. SI ESTÁS DE ACUERDO COMPARTE. CONSPIRANOINA NO QUÉ VA COSAS TUYAS.


Cosas que las malvadas empresas farmacéuticas no quieren que sepas:

1- El gelocatil es en realidad cocaína mal cortada y procesada, por eso te quita el dolor: te sumerge en un trance drogata, y explica también la adicción de muchas personas de usar gelocatil pulverizado para el café en lugar de azúcar.

2- Cuando firmas un consentimiento por un tratamiento que puede salvarle la vida a tu hijo, en realidad estás dando tu permiso para ofrecer su alma a satán y ser sacrificado para que las malvadas farmacéuticas hagan más gelocatil (su producto estrella). En el consentimiento viene especificada ésta cláusula, porque si no se les podría denunciar, pero viene encriptada de forma que solo te das cuenta si lo lees al revés y en diagonal y si dominas una mezcla entre el idioma élfico profundo y el klingon.

3- El aguacate cura el cáncer, el sida, el tifus, la malaria, la gripe de todos los años, las posesiones demoníacas, la moquera de medianoche y la muerte, además de que te pinta la casa y te cuida a los niños cuando tus padres están de escapada de fin de semana (otras situaciones consultar).

4- El aloe vera hace lo mismo que el aguacate cuando éste está ocupado cuidando de tus hijos.

5- La homeopatía sí funciona, pero los ibuprofenos le hacen bullying para que tenga tan poca autoestima que le de cosa hacer nada.

6- Las empresas farmacéuticas más grandes contratan helicópteros invisibles que esparcen frenadol cada dos días a la población para dejarles en un estado de seminconsciencia para que sus malvados comerciales ataquen con sus gelocatiles a los niños a las puertas del colegio y que nadie se de cuenta.

7- Las cepas de los virus son un mito, como la evolución.

8- Para entrar a trabajar en una farmacéutica hay que entregar a una virgen como sacrificio para poder experimentar nuevas formas de modificar el respibien (cuya finalidad es hacer lobotomías químicas), por eso los empleados jamás tienen hijas. Y si las tienen, en realidad son robots.

9- Las vacunas introducen nanobots en el organismo para poder controlar a nuestros hijos y poder hacerlos explotar en caso de una guerra entre famacéuticas.

10- Ninguno de los empleados de las farmacéuticas es Batman.

Que todo el mundo lo sepa.

Comprad aguacate.

jueves, diciembre 03, 2015

¿Por qué hacemos las cosas?


La culpa de todas mis desgracias siempre la tenía el tiempo. Que si ahora trabajo, que si llego tarde, que si no tengo tiempo ni para tomar café... Siempre, siempre era culpa suya. No podía dibujar, y lo achacaba al ritmo de mi nueva vida. Que no había tiempo, nunca.
Y, en parte, era verdad.
Sin embargo, llegado un momento, esa parte de verdad empezó a convertirse en una excusa. Y esa excusa surgió de una base mucho más complicada que la simple vaguería de no querer hacer nada.

Pero dejadme empezar por el principio.

La semana pasada, una chica se puso en contacto conmigo para una entrevista. Estaba realizando un trabajo sobre el "síndrome de la hoja en blanco", en el cual un artista se bloquea ante un folio en blanco y no consigue visualizar lo que desea plasmar. Por supuesto, accedí a ayudarla encantada, pensando que yo misma estaba en ese tipo de bloqueo y que podría plasmar lo que es.

Y le conté lo que era. Y me di cuenta de que no era lo que me pasaba a mi.
Yo no veo un papel en blanco y solo veo blanco. Veo ideas. Veo montones de ideas. Y lo que es mejor, ahora que ha pasado un tiempo y me he habituado al ritmo del trabajo, incluso me veo con tiempo libre para plasmar esas ideas en esos papeles.

Pero nunca lo hago.

Y es que el problema no era ya el tiempo. El problema es que había perdido el por qué hacer las cosas. El por qué dibujar. El por qué crear cosas de la nada en esos folios en blanco.

Remontando un mes atrás, recordé un video que me puso mi jefe (que es de estos jefe de los que, a posteriori, siempre se recuerdan como aquella persona que supo ayudarte a descubrir y dar lo mejor) Era un video motivacional, donde un ponente (del que me avergüenza no recordar el nombre) explicaba por qué la gente y las empresas que más triunfaban...triunfaban.
Y veías que todas tenían un por qué para hacer las cosas, un por qué idóneo, un por qué que los llevaba a hacer cosas increíbles, sin excusas, sin "es que no tengo tiempo". El video duraba una media hora, y lo vi entero. Te dabas cuenta de muchas cosas, de miles de razones, de por qué hay gente que fracasa y de por que hay gente que triunfa, o incluso gente que no logra sus objetivos, pero no siente frustración ninguna. Que lo sigue intentando.

Se me vino a la cabeza el nombre de un antiguo amigo, al cual lamentablemente ya no puedo llamar así, y sus constantes fracasos empezaron a tener sentido: su por qué era hacerse famoso. Hacerse famoso rápido. Le daba igual como fuera, quería alcanzar la fama con cualquier proyecto que iniciase. Probó con los webcómics, con los podcasts, cuando dejé de hablar con él empezaba con un canal de youtube....pero abandonó todos y cada uno de esos proyectos. Al menos, los que yo le vi comenzar.

Porque no se hacía famoso.

Porque no conseguía premios.

Porque no veía la respuesta que esperaba del público.

Porque veía que su por qué no se realizaba, y no se realizaba porque su por qué era erróneo para alcanzar justo lo que buscaba con ese por qué.

Por otro lado, tenemos un buen ejemplo. No es un ejemplo de una persona real (que los hay), pero sí que es un ejemplo muy bien puesto y hecho con toda la intención: hace relativamente volví a ver la primera película de Los Muppets, aquí traducida como "Los Teleñecos van a Hollywood". En la primera escena de esa película, donde se ve un plano aéreo del pantano que poco a poco se va acercando a los árboles, donde se encuentra la rana Gustavo sentado en un árbol caído tocando el banjo mientras canta la fabulosa The Rainbow Connection, se resume perfectamente lo que ponente del vídeo de mi jefe quería exponer. Cuando la canción termina, aparece un productor perdido en el pantano (la magia de los teleñecos), y le pregunta a Gustavo por la salida. La rana trata de ayudarlo, y durante la conversación el productor le dice: "oye, tienes talento, y en Hollywood buscamos ranas que sepan cantar (la magia de los teleñecos bis), ¿por qué no te vienes conmigo a Hollywood? ¡Podrás hacerte rico y famoso!" a lo que el bueno de Gustavo le responde educadamente que no, que no estaba interesado, que era muy feliz viviendo tranquilo en el pantano.
Al responder esto, el productor probó con otra cosa: "habrá miles de personas a las que harás felices con tus canciones". Antes esta nueva perspectiva, Kermit reflexiona.

"Soy feliz en mi casa, en mi pantano, con mi banjo....pero poder hacer a tantas personas felices....está bien, iré a Hollywood"

Esta película de Los Teleñecos van a Hollywood fue la más taquillera de la historia de los Teleñecos hasta la que se estrenó recientemente con Jason Segel y Amy Adams, llamada simplemente The Muppets, entre ambas hay siete películas que no lograron el éxito que se esperaba.

Y la razón es la misma por la que Gustavo decide ir a Hollywood: el objetivo de esas dos películas es hacer a la gente feliz. Habla de los teleñecos, de cada uno de los personajes, de las relaciones entre ellos. Cuenta una historia con el objetivo principal de hacer que la gente se lo pase bien conociendo a unos personajes queridos y valorados, en la primera película por el inimitable Jim Henson, que siempre quiso enseñar al mundo que las marionetas podían expresar ideas, emociones y mensajes, y la última capitaneada por Jason Segel, cuyo objetivo era pura nostalgia, recordar a la gente la existencia de esos personajes con los que creció, cuyo principal objetivo es hacer felices a miles de personas.

Las otras películas, lejos de estar mal, carecen de este espíritu. Y no me interpretéis mal: obviamente son producciones comerciales y deben sacar dinero, la cosa es ordenar bien las prioridades: ¿tu "por qué" es conseguir dinero y para eso usas personajes entrañables que transmiten buenos mensajes, o bien tu "por qué" es CREAR personajes entrañables con buenos mensajes, y ganarte la vida GRACIAS a ellos?"

La rana Gustavo quería hacer felices a miles de personas, y lo consiguió, haciéndose rico y famoso.

Mi antiguo amigo quería hacerse rico y famoso, con lo que sea, probó con todo lo que se iba poniendo de moda, y aunque los resultados no eran malos... no lo consiguió.

Y eso es, tristemente, lo que me ocurrió a mi: perdí mi por qué. No voy a decir que quisiera hacerme rica y famosa, eso es una ingenuidad, y tengo bastantes canas ya (literalmente) como para saber que con esto no van a poner una calle con mi nombre, pero sí que es cierto que perdí lo que me impulsaba a hacer lo que hacía.
Al empezar solo quería divertirme, luego divertir a los demás, y en ese afán llegó un punto donde dejé de divertirme yo. Al llegar el trabajo, tuve la excusa perfecta: el tiempo. No tenia tiempo. "No tengo tiempo".
Mi por qué nunca estuvo definido, o nunca fue lo bastante fuerte.

Y al final, al perder el por qué, perdí todo...menos las ideas.
Las ideas estaban, pero no me apetecía sacarlas. Porque no sabía para qué sacarlas.

Igual en algún momento de vuestras vidas perdéis vuestro por qué. Dejáis de tener ilusión por escribir, por dibujar, por componer...por crear.
No os preocupéis. Es sencillo encontrarlo. Simplemente paraos a pensar en como alguien os convencería para volver a crear: ¿si os aseguraran fama volveríais a transformar ese folio en blanco en dibujos, en cuentos, en música? ¿O bien sois como la rana Gustavo, y volverías solo si os aseguraran llegar al máximo número de personas con la esperanza de poder ayudar a alguien con vuestro arte?

La primera opción puede ser atractiva, efectiva incluso, al principio, pero no duradera. Lo he visto con mis propios ojos.

La segunda es más costosa, implica mucha dedicación, trabajo, y a veces no te encuentras con los resultados que esperabas.... Pero es mucho, muchísimo más duradera. Y pensad que si no llegáis a la gente a la primera, lo haréis a la segunda. O a la tercera.
Pero llegaréis. Porque vuestro por qué es ese: Llegar a la gente, no haceros con la fama a su costa.

Jim Henson, los hermanos Wright, Steve Jobs, Malala Yousafzai...todos ellos tuvieron fracasos, pero nunca se rindieron. Porque su por qué, su meta, era fuerte, creían (y creen en ella, en el caso de Malala), y por eso lograron lo que lograron

Pensadlo bien.

En la vida habría que ser más como la rana Gustavo.j

domingo, agosto 24, 2014

Recuerdos


Era muy pequeña cuando echaban los Fraggle Rock. Recuerdo que, a una determinada hora de la tarde, mi madre ponía la tele y se quedaba conmigo a verlos. Cantábamos la intro. Me encantaba la intro. Y el perro... me hacía muchísima gracia el perrito.
Recuerdo un episodio en donde atrapaban a uno de ellos. Aunque todo era en clave de humor, lo pasé muy mal imaginando que podrían hacerle daño al muñequito...



De pequeña mi padre me solía llevar muchos sábados a las recreativas de mi barrio. Dum-Dum, se llamaban, y una de las que más me gustaban era la de "la chica gato, la chica vampira y la chica zombie" (Felicia, Morrigan y Hsien-ko). Recuerdo que la máquina estaba justo al entrar a las recreativas, a la izquierda.
No era muy buena jugando (era una patata), pero me encantaba ver  "la chica gato, la chica vampira y la chica zombie" moviéndose por la pantalla.
Cuando me cosplayé de Morrigan, me cosplayé de parte de mi infancia.



Durante mucho tiempo, cuando era peque, veía que echaban esta película por la tele. La vi varias veces, pero nunca llegué a saber el título (El Último Unicornio) ni como encontrarla. No estaba en los videoclubs, y por aquel entonces internet sonaba a nombre de Pokémon. Recuerdo lo mucho que impresionaba la escena de la arpía, o cuando el rey descubría que no se reflejaba en los ojos de la unicornia disfrazada de humana...

Conseguí la película muchos años después, en internet. Pero solo en inglés.

Hace apenas unos meses, la vi en la Fnac, en dvd, al precio de 5€. Ahora está en mi estantería.



Jugué al Monkey Island por primera vez con mis hermanos, en un ordenador de diquettes de 5¼ creo recordar. También era muy pequeña, pero tengo un recuerdo nítido de estar apuntando los insultos de los duelos y lo que nos costó pasarnos esa fase.

Vi el final del juego en casas de mi primos. Allí ellos estaban a punto de pasárselo, pero algo les faltaba para el final. Les ayudé a resolverlo y vimos juntos el final. Recuerdo que flipamos con "esos pedazo de gráficos".



Como se irá viendo en el post, las Tortugas Ninja fueron una parte muy entrañable de mi infancia. Adoraba a las Tortugas.
Esta imagen es de un juego al que jugaba con mis primos en la Super Nintendo. Me gustaba porque fue el primer juego al que jugué en donde se podía jugar a dobles sin tener que pegarse con el compañero, como en el Street Fighter (que también me encantaba).

La frase que les decía a mis primos para jugar era "¿jugamos a ser amigos en las Tortugas?"



De El Cuentacuentos tengo muy pocos recuerdos referentes a lo que son las historias, porque era muy, muy pequeña cuando lo echaban por la tele. De nuevo, eran mis padres los que me ponían la serie, sobre todo mi madre. Recuerdo que me encantaba el perro, y que me quedaba embobada viendo los cuentos.

También recuerdo aquella parodia que hicieron Martes y Trece de la serie, contando Blancanieves. Creo que fue de las veces que más me reí de pequeña viéndolos.



Pese a que veía la serie, el recuerdo que conservo con más cariño de los Power Rangers fue esta colección de juguetes. Eran unos juguetes que tenían un resorte en la espalda que permitía tener el muñeco en modo Power Ranger con el casco, o la cara de la persona.

Valían 1000 pesetas cada uno, que era mi paga. Cada vez que recibía mi paga, mi padre me llevaba a la juguetería para comprarme mi Power Ranger de ese mes.

El primero que compré fue el amarillo, luego el rojo, y luego el verde.



Durante mucho tiempo tuve un pequeño trauma con el episodio en donde Son Gohan se transforma en Super Saiyan ("Super Guerrer" en la catalana) de segundo nivel, en la batalla contra Célula: y es que nunca conseguía verlo. Ya sea porque llegaba tarde a casa, se acababa la cinta en la que programaba el vídeo o bien se rompía.

Cuando por fin pude verlo casi ni me lo creía.



Yo veía la serie de Spiderman por Black Cat. Adoraba a Black Cat. Cada vez que aparecía en la serie la disfrutaba el doble o el triple. Era una superheroína fuerte, lista y guapa. Era perfecta.

Cuando me hice el cosplay de ella, también me disfracé un trocito de mi infancia.



Batman fue durante mucho tiempo mi serie favorita. La música, los personajes, los diseños... todo. Era un gigantesco TODO, y a día de hoy aun sigo creyendo que es una serie perfecta.
Me gustaba mucho Poison Ivy, que es otro de mis iconos de la infancia de la que acabé por hacerme cosplay hace poco.

Además, la música de entrada, sacada de las películas de Tim Burton, me tenía enamorada.



Cuando iba al colegio mi hermana y yo tomamos la costumbre de jugar a anventuras gráficas juntas. Así nos pasamos los Monkey Island 1,2 y 3, el Día del Tentáculo e intentamos pasarnos el Simón 1 y 2 (sin mucho éxito en este caso).

El Día del Tentáculo lo recuerdo con especial cariño. Concretamente recuerdo la escena en donde dejabas vino en una de las cabinas, para que el personaje que viajaba al futuro lo recogiera en forma de vinagre.



Crónicas de la Dragonlance fue la primera saga de libros de fantasía que me leí. Tenía unos 12 años, y fue un vicie total y absoluto. Devoré las Crónicas, y luego me pasé al Ciclo de la Puerta de la Muerte, donde devoré los siete libros ininterrumpidamente.

Margaret Weiss y Tracy Hickman fueron mis novelistas predilectos durante una etapa muy extensa de mi vida.



Poco puedo decir de Dragones y Mazmorras. Marcó las infancias de muchos de los que la vivimos en los 80-90.
Solo puedo añadir que el unicornio no me gustaba nada, porque muchas de las veces que encontraban el camino de vuelta a su casa, les tocaba quedarse porque el bicho se ponía a berrear.

Que mal caía, dioss....



Mi padre me grabó en un VHS la película de El Vuelo de los Dragones y El Viento de los Sauces (pero no la versión de Disney), ambas de un estilo muy similar. Las dos me gustaban mucho, pero El Vuelo de los Dragones tenía DRAGONES. Fue mi película favorita durante muchísimo tiempo. De hecho, recuerdo preguntar a mis padres si el juego de mesa que salía en la peli existía y si me lo podía pedir para Navidad.

Por supuesto, cuando era pequeña no podía pillar todos los detalles que contenía esta película, como el uso de la razón y la ciencia para vencer al mal y a la superstición. Es una película que ha envejecido muy bien, y la cual recomiendo muchísimo.

Ahora, cuando veo Como Entrenar a tu Dragón, pienso que por fin han sacado un Vuelo de los Dragones para las nuevas generaciones.



Los Guardianes de la Galaxia era una serie que me pilló muy pequeña pero de la que tengo recuerdos muy nítidos de cuando jugaba con mis primos.
Yo quería hacer de Shane Gooseman (que yo llamaba "el de las pistolas"), pero no me dejaban porque yo era una chica y tenía que hacer la chica (Nico). Por eso le acabé por pillar asco a Nico. Porque no podría ser "el de las pistolas" por su culpa.

Hace unos años conseguí la serie entera en dvd, y lo cierto es que el personaje de Nico mola mucho...

....

...............pero yo quería al de las pistolas.



La primera vez que vi algo de Gargoyles fue en el videoclub de mi barrio. Solía visitar mucho ese videoclub, y esa semana pusieron en novedades la película de Gargoyles. Me llamó la atención, y la alquilé.

El amor surgió enseguida... sobre todo por Demona. Que sí, que era la mala... pero madre mia, como molaba.



Desde ya muy pequeña me han gustado las películas con un toque "creepy". Sabía que me debían da miedo en varias escenas, y me lo daban, pero me quedaba absorta viéndolas. Era como si la película quisiera contar una historia para todos los públicos... pero sin pasarse. No había tantos límites a la hora de quitar escenas "no aptas", al menos es como yo lo veo, porque desde muy niña que soy fan de Los Gremlins y hoy en día aun no me atrevo a ponérsela a mis sobrinos. Sobre todo la primera, la segunda ya sí que se cortaron más a la hora de poner muertes...

El caso es que estas películas las veía con mis padres. Se centraban más en enseñarme a Guizmo que al señor al que se le comían el brazo al pasarlo debajo del mueble (y aun así, tuve miedo de coger cosas que se me cayeran bajo los muebles durante un tiempo). De todas formas, no sentía miedo de "uy, me van a comer", si no miedo de "uala...... menos mal que eso no pasa". Se me enseñó a diferenciar realidad de ficción, y por eso pude disfrutar tanto de estas películas.

Además, en la segunda, el gremlin con la voz de Constantino Romero me hacía mucha gracia.



Todo lo que pueda decir respecto a Los Teleñecos (Muppets) y su creador, Jim Henson, se quedará muy corto. No tengo suficientes palabras para expresar lo que estos muñecos y este hombre significaron, y significan, para mi.

Solo me queda dar gracias al ver que los sucesores de la compañía del señor Henson (sus hijos) han sabido mantener el espíritu que instauró su padre: humor blanco, atemporal, inocente a la par que inteligente, que procura alimentar la imaginación y hacer que la gente, sea de la edad que sea, disfrute pensando y creando.



Como ya digo, el señor Henson me acompañó en mi infancia en muchos sentidos y de muchas formas (Los Teleñecos, Fraggel Rock, El Cuentacuentos....) y por supuesto Dentro del Laberinto no se queda fuera.

Esta película me la descubrió mi hermana, hace muchos, muchos años. La traía a casa del videoclub casi todos los días, y todos los día la veía. Como ya comentaba, me fascinaban esas escenas con su "punto creepy", y las creaciones de Jim Henson siempre lo tenían. Creaba criaturas con aspectos grotescos, para que si te caían bien, fuera porque te has tomado la molestia de conocerlos, y no solo por su cara afable y graciosa.

Ludo, el Sir Didymus, Ambrosius.... es imposible el que no vuelva a ver esta película sin que me salten las lágrimas. En parte por la nostalgia, en parte porque sigue siendo tan maravillosa como la recordaba.

Labyrinth es tan importante para mi que hace tiempo le dediqué un post entero, aquí.


Como ya comentaba, tanto las Tortugas Ninja como Jim Henson fueron una parte esencial en mi infancia.
No es de extrañar que las películas de las Tortugas de los 90, en donde los disfraces fueron obra de Henson, fueran mi obsesión durante mucho tiempo.
Las podía estar viendo toooodo el día. Recuerdo una vez que tuve que dejar de verlas porque me dolía la cabeza de estar tanto tiempo plantada frente a la tele viendo las Tortugas Ninja.

Mi preferida era la segunda película. Era joven, ingenua... y que leches, aun me sigue gustando, pese a Vanilla Ice xD



El teniente Carey Mahoney fue mi primer amor platónico.
Tenía cinco años, y cada vez que quería ver Loca Academia de Policia le pedía a mi madre que me pusiera a "Mahoney" (o "Majoni" como lo llamaba yo xD)



Sería un insulto a mi infancia no poner el último apartado de las Tortugas: la serie de animación de los 90.
Mis primos tenían el globo aerostático de juguete. Se lo trajeron unas Navidades y yo estaba plantada en su casa cada día para jugar con él.



Super Street Fighter II puede considerarse mi primer gran vicie a un videojuego. Era el primer juego con el me pasaba hasta seis o siete horas jugando, sin cansarme.
Mi preferida siempre fue Cammy, y recuerdo que por aquella época, de tanto jugar, me hice bastante buena en su manejo.

Esta imagen es del final oculto de Cammy. Me salió una vez, jugando con mis primos en mi casa.

Una nota curiosa es que nunca llegué a tener el juego, me lo dejaba siempre una amiga.



Por último, la película a la que debo mi total introducción al mundo del anime y me consolidación como fan de la subcultura japonesa (una cosa llevó a la otra...)
Super Street Fighter II The Animation tiene bastantes fallos a nivel de diseños y puede ser la historia más tópica del mundo... pero para mi ERA PERFECTA. Me enamoré perdidamente de Ryu (¡mi primera obsesión de personaje!), me apunté a Tae-Kwondo por culpa de ella y llegué a comprarme una cinta roja que llevaba en la frente toooodo el santo día por casa.

Como solía pasarme por aquel entonces, nunca llegué a tener la película original. Mis primos (sí, pasaba mucho tiempo con ellos) la consiguieron alquilar en un videoclub que luego la retiró. Mi padre consiguió grabarla en un VHS, pero se veía fatal y fallaba el volumen. Aun así, me conformaba con eso.

Recuerdo la vez de que alguien me avisó (creo que fue uno de mis hermanos) de que la había traído al videoclub de mi barrio otra vez, así que fui rauda a ver si la podía conseguir... pero no la alquilaban. Solo la vendían. Y con mi humilde sueldo de 1000 pesetas al mes, un VHS de 2000 ptas era un sueño inalcanzable. Recuerdo que la vitrina donde la exponían era una estantería alargada de cristal. Estaba en la leja de en medio. Me quedé mirándola un rato antes de irme derrotada a mi casa.

Con el paso del tiempo, fui dejando atrás esta película en pos de otras producciones que me gustaron. No la tuve en mis manos hasta que empecé con mi novio, que me la regaló en dvd al enterarse de lo que significó para mi.




Y seguro que me dejo muchos recuerdos en el tintero....

Tengo la inmensa suerte de tener unos recuerdos de mi infancia tan geniales... y que, aun siendo adulta, aun me sigan emocionando como el primer día.

sábado, julio 26, 2014

Lo que dicen las feas


Las cosas que dicen las feas.

Seguro que alguna vez todos hemos escuchado "una frase de fea". Cosas como "lo importante no estar delgada, sino estar a gusto contigo misma", o "da igual si eres guapa si luego eres idiota" o el clásico "la belleza está en la forma de ser de cada uno, no en el físico".

Según dicen, esas son frases que dicen las feas. Y no solo feas, también los feos. Gente que, como es fea, tiene que consolarse con este tipo de cosas. "Es simpático", "es buena amiga", "es un cielo de persona"... comentarios sobre gente FEA.

Y lo gracioso es que lo que dicen las feas es lo cierto, pero como son feas, nadie les hace caso. Porque aquí, en nuestra sociedad, se valora más la imagen que lo cierto, y por eso "lo que dicen las feas" no se suele tener en cuenta, o se toma como una excusa triste y pobre para justificar su fealdad y poder seguir viviendo con ella.

La belleza no es el aspecto físico. O no lo es todo. Es solo una parte. Pero es la parte que primero se ve, y la que más llama la atención, así que es muy fácil y sencillo reducirlo solo a eso. Aunque no sea cierto.

La belleza, según la primera definición de la RAE, es aquello que hace que algo sea deseado, que despierte la capacidad de ser amado por alguien. Si seguimos esta definición, una mujer o un hombre atractivos físicamente pueden despertar el deseo primario de los demás. Pero... ¿eso conlleva a ser amados? NO.

Separemos conceptos, explicándolos de forma directa: una cosa es estar bueno y atraer sexualmente, y otra cosa es estar bueno y ser amado. Lo segundo es belleza, y lo primero es un polvo (que está muy bien, pero no lo es todo).

La diferencia entre estos dos conceptos también está distorsionada. Se valora más el "tener un buen polvo" que el "ser amado". ¿Y por qué? Porque los que valoran ser amados son "los feos porque no follan". Y esto es una realidad: la belleza física está tan pervertida que llega al punto de reducir a una persona solo por su aspecto físico, y los que no están conformes con esto es PORQUE SON FEOS.

Pues bien, la cosa es muy distinta. Pese a que esa sea realidad de muchos, lo CIERTO es que la belleza no solo es el físico, porque no solo con el físico se puede llegar a amar a otra persona.

El físico es solo el aspecto de una persona, pero no es la belleza en sí misma. El aspecto es una parte de la belleza, que a su vez está basado en la actitud. La actitud, a su vez, está basada en la personalidad de la persona. Y, por ende, la belleza es la personalidad de una persona.

Y eso es lo cierto. Toda la base de la belleza en una persona radica en su personalidad, ya que de ahí saldrá su actitud, y de su actitud saldrá su belleza física.

Da igual que se sea gordo o flaco, calvo o con nariz de patata: si tu personalidad es fuerte y segura, tu actitud será de estar a gusto, de tranquilidad, de felicidad, de "soy así y no es que me acepte, es que ME GUSTA SERLO", y si esa es tu actitud, tu belleza física sale también a la luz.

Porque la belleza física tampoco se reduce a los modelos del Corte Inglés. O a las pasarelas. O los actores o actrices. Hay miles, millones de diferentes tipos de belleza.

Que no os engañen: que una mujer o un hombre no tenga nada que ver con uno de los cánones de belleza establecidos no significa que sea feo. Significa que no se amolda a ninguno de esos cánones. Y ya está.

Hay miles, millones de tipo de belleza diferentes, todos buenos y para todo tipo de gustos. A unas personas les gustan más unos, y a otros les gustan más otros. Eso es lo bonito: muchas bellezas distintas que se buscan entre ellas, y no un solo modelo al que persigue todo el mundo (como nos pretenden vender).

Lo importante es que encuentres tu propia belleza, sea del tipo que sea. Porque si tú no la encuentras, la mantendrás oculta sin darte cuenta, y los demás tampoco la verán.

Y para encontrar tu belleza, solo hay que seguir tres pasos muy sencillos:

1º  Fortalece tu personalidad: eres único o única, independientemente de tu aspecto físico, forma de pensar o de actuar. Enriquécete de las oponiones de los que te rodean, pero hasta un límite: tus principios.

2º  Saca tu mejor actitud: la vida es corta y está para ser feliz. Los problemas con solución, se solucionan, y los que no tienen solución, no se van a solucionar tampoco siendo pesimista.

3º Mírate al espejo, y deja que tu ego te embargue. Que no te de vergüenza verte con el guapo subido, porque en esta sociedad se castiga al que se ve bien y se premia al que se auto-flagela: "¿dices que eres guapa? tu lo que pasa es que te lo tienes muy creído" frente a "¿dices que eres fea? ay, mujer, no seas así, si eres un primor".
Al decir que te ves guapo o guapa NO ESTÁS ATACANDO A NADIE, con lo cual, si alguien se siente ofendido e intenta que cambies de parecer respecto a ti mismo... EL PROBLEMA ES SUYO. Eres guapo, o guapa, y no puedes hacer nada por evitarlo.

Y esto es lo cierto. La belleza, la verdadera belleza, está justo en lo que dicen las feas:

En la personalidad.

En la forma de ser.

En la actitud frente al mundo y frente a los demás.

En la amabilidad.

En la simpatía.

En la sonrisa sincera.

En el buen humor...

La belleza está en todos los rasgos que definen una persona.

Pero claro, yo no tengo medidas perfectas. Y mi nariz es curvada. Y soy miope. Y tengo marcas de acné en la espalda.


Con lo cual todo esto... también lo dice una fea.

Y orgullosa de serlo.


lunes, abril 16, 2012

Lo extraordinario de lo ordinario


Hace mucho que no escribo por escribir. Estoy en tantos sitios, haciendo tantas cosas y pensando en mil temas que casi ni me acuerdo de cuando usaba este blog simplemente para escribir.

Hace poco me dio por rememorar entradas antiguas, ver el tipo de entradas que había antes, lo que hacía, lo que pensaba... es innegable que en estos siete años de publicación muchas cosas han cambiado, y entre ellas la tónica con la que miro y publico en los espacios de la red.

Lo bonito de empezar una andadura por estos lugares, ya sean blogs, videoblogs o antiguamente el ya zombificado fotolog es la inocencia con la que uno se sienta delante del teclado. Cuando se empieza un proyecto de este tipo, la máxima aspiración que se ha de tener en la mente es la de pasarlo bien con los cuatro amigos que sabes que van a leerte. En ocasiones hay gente que, viendo el éxito de grandes bloggers, empieza el suyo esperando a largo o incluso a medio plazo el poder vender su "producto" y alcanzar una fama similar.

No creo que esta sea una buena forma de iniciar algo así.

Aunque a primeras no lo parezca, se puede distinguir un blog (o videolog, podcast, webcómic, novela online o incluso una cuenta de twitter) hecho por una persona que quiere pasar un buen rato a una que piensa en si lo que va a publicar va a gustar al público medio o no. No voy a criticar ni una mentalidad ni otra, simplemente puntualizar que los resultados son diferentes.

Si bien es cierto que aquel que entra en el mundillo con la idea de dirigirse a un público extenso acaba por formar un producto más "profesional", no termina de tener el punto de inocencia que a mi, particularmente, me encanta.

Personalmente, cuando busco obras, blogs, vídeos o cómics personales por internet no busco un producto en sí mismo, busco a una persona que hace una obra. He leído muchos artículos de muchos tipo de personas, y finalmente he podido llegar a la conclusión de que aquellas obras o proyectos que más me gustan son aquellas que no están hechas, en principio, para que yo y el resto de público medio ajeno al autor, las lea. Están hechas porque a su autor le gustan, le divierten o simplemente le apetece hacer en un momento dado.

Son webs y sitios frescos, agradables, sin pretensiones y sin ideas de acaparar premios o menciones especiales. Son webs de gente normal, y en su normalidad es en donde radica su punto extraordinario: el punto de poder empatizar.

Se que hay gente alucinante que comparte sus libros, sus cómics, sus ensayos y reflexiones. Gente ante la cual yo me quito el sombrero, gente con grandes dones para la literatura, pintura, arte, guionistas, monologuistas... gente profesional que sube su producto a la web de forma altruista y cercana con la única pretensión de entrener.

De entretener a los demás, pero no necesariamente a ellos mismos.
No quiero que se me malinterprete, me encanta este tipo de gente, soy seguidora fiel de muchas webs que ofertan este tipo de entretenimiento, y lo seguiré siendo.

Pero no dejo de inclinarme ante todas aquellas personas anónimas, que no son famosas, que no tienen miles de seguidores en sus blogs o en sus twitters, que simplemente escriben su día a día, que suben sus pequeñas obras porque simplemente se siente orgullosas de ellas o porque les gusta verlas en otro lugar que no sea su escritorio personal.

Esas personas son a las que más disfruto siguiendo. Porque son gente que no pretende venderme nada, porque simplemente dejan sus pensamientos en la red, sin esperar realmente a que nadie los encuentre... pero cuando alguien los encuentra, lo reciben con una cálida sonrisa y un más que ilusionado "gracias por tu comentario".

Porque, como bien se dice en la última película de los maravillosos Muppets, "el que no sepas que talento tienes, no significa que no lo tengas". Esta gente, que es tan extraordinaria por hacer interesante lo ordinario, tiene el talento de compartir, el talento de ser cercano a sus lectores por escasos que sean, y el talento de poder ver en un día normal una razón para postear, grabar o dibujar.

A lo largo de estos últimos meses que llevo alejada de mi blog por diferentes motivos, he podido descubrir a mucha de esta gente. Gente a la que realmente merece la pena leer y que, inexplicablemente para mi, tiene poco público. Personas con pocos followers en twitter que tienen frases u ocurrencias realmente ingeniosas, personas con artículos de mil y un temas realmente interesantes y bien argumentados, o gente con webcómics impresionantes a los que he conocido tardíamente. Y ahora que empiezo a asomar la cabecita dentro del mundo del podcasting he podido conocer a más gente interesante dentro del mundo del sonido y videobloging. Y de reconocer que las admiro y envidio a partes iguales.

A raíz de todo esto, he de confesar que llevaba tiempo pensando en darle el cierre a este blog. A medida que ha pasado el tiempo he empezado a preocuparme más por el lado "comercial" de mis trabajos que por disfrutarlos en si. En el fondo tampoco está del todo mal, ya que aumenta el grado de profesionalidad y compromiso, y, al fin y al cabo, el objetivo final sigue siendo el de entretener a la gente, solo que de una forma mucho menos personal.

Había pensado la forma de cerrarlo, con un vídeo recopilatorio con música de Final Fantasy. Hasta había empezado a grabarlo y prepararlo... pero al leer a esta gente... esta gente extraordinaria por hacer de lo ordinario algo maravilloso me he dado cuenta de lo errada que he podido llegar a estar. No por el hecho de cerrar el blog, sino por llevar el camino que casi me lleva a hacerlo: me estaba preocupando más por la aceptación que podía tener cada post que por el hecho de disfrutar escribiéndolos o dibujándolos. Todo lo que yo reprochaba, todo lo que no quería llegar a pensar... pues lo pensé.

Esta gente me ha hecho ver que no pasa nada por tener el blog abandonado meses, que no pasa nada por perder lectores, que no pasa nada por actualizar con una estupidez aleatoria y referencial que a lo mejor solo te hace gracia a ti y a cuatro personas más... NO IMPORTA.

LO ÚNICO VERDADERAMENTE IMPORTANTE ES ESCRIBIR, DIBUJAR O GRABAR LO QUE QUIERAS Y CUANDO QUIERAS. Quizá no lo vea nadie, quizá lo vea mucha gente. Pero eso que acabas de subir será algo fresco, espontáneo y cercano. Será algo normal y extraordinario a la vez.

Si hubiese cerrado este pequeño espacio habría cerrado la única ventana que me quedaba abierta en donde se me puede ver tal y como soy, sin esperar aprobación ni rechazo. Sin esperar nada, pero recibiendo a todo aquel que quiera pasarse.

Proyecto Jhakeva, Rotoscopia, Gameland, Quiero ser una chica de Videojuego, Level Up, incluso mi cuenta en twitter... todo eso lo mantengo por y para entretener a los demás. Es mi obra comercial. Es mi obra "profesional". Quizá no sea muy impresionante, pero es así.

Pero esto... esto no. Esto no es profesional, no es comercial. Y por querer transformarlo en algo así, casi lo pierdo.

No se cuanta gente se seguirá pasando por aquí, pero seguramente muchas menos de las que recuerdo, o incluso ninguna. Aun así, aunque este post no tenga apenas lecturas y menos comentarios, lo quiero dejar. Lo quiero subir, porque es parte de mi, como una persona normal que quiere escribir.

Gracias a todos aquellos y aquellas que siguen con el espíritu inocente de compartir sin esperar recibir nada realmente, y muchos ánimos a todos aquellos escritores, articulistas, dibujantes, dobladores y videoblogers que desde el anonimato compartís algo de vosotros con todo aquel que se cruce con vuestros espacios.

Valéis mucho, y sois únicos dentro de la inmesidad de la red.

jueves, noviembre 10, 2011

El Autor.


El texto que voy a exponer aquí es solo una opinión. O más bien, un consejo. No referencio a nadie ni pretendo hacerlo, pero si os sentís identificados con algo… pensad y meditad en lo que estoy diciendo. Quizás os ayude… o quizás no. Es solo una opinión :)


A lo largo del tiempo que llevo en el mundillo de los webcómics, o cómics, en general (que no es mucho, pero algo llevo), he podido encontrarme y clasificar a los diferentes autores en tres subtipos:


- Primero tenemos el que he denominado “autor comercial”. Este tipo de autor se te presenta un buen día con su cómic y te empieza a soltar toda una colección de auto-piropos a sí mismo: “¡mi cómic tiene una historia que no se ha visto nunca!” “¡mi dibujo es supercalifragilístico y mi manejo de los filtros de fotochó está a nivel HEMAN!”

Ante este tipo de autor, generalmente, se le suele responder con un “ah, vaya, que guay!” mientras se piensa “se va a leer tu cómic tu abuela… si tuvieras”. O BIEN... ¿qué ocurre cuando un autor pone por las nubes su obra, a nivel estratosférico? Pues que si te atreves a leer esta obra lo primero que hace es BUSCAR FALLOS, porque tenerlos, los tendrá, y si te restriega por la jeta que tu obra (si eres autor) es posiblemente una mierden comparada con la suya, pues lo primero que haces es buscar razones para hacerle ver que NO. Vamos, que puede que te leas el cómic… pero te importa un foié de pato lo que te esté contando o de que trata. Te centras en todos y cada uno de los fallos que tenga. Porque ojo, que los tendrá. Como todos.


- El caso opuesto es el “autor suicida”, que es el se te presenta diciéndote “hola, esta es mi obra… y es una mierda, lo sé” O bien “No se dibujar y la historia no es muy buena, pero este es mi cómic…” O incluso “No me gusta mi estilo, ni como me ha quedado nada… pero es lo que tengo”

Pero vamos a ver, alma de cántaro… ¿cómo demonios quieres que la gente te lea, si lo primero que les dices es que NI TU LO HARÍAS? ¿De verdad es eso lo que buscas cuando te pegas la currada que es hacer un webcómic? La modestia es buena, necesaria, pero la automutilación solo conseguirá lo que consiguen todas las mutilaciones: desagrado. Ni con un palo, vamos. Si ni tú te crees lo que estás haciendo, no esperes que los demás lo hagan.


- Por último, tenemos “el Autor”, a secas. Este autor lo que hace es: te presenta su cómic, y te dice: “ESTE ES MI CÓMIC".


...


Y ya está. Te lo deja delante. A veces te comenta un poco de qué va la historia… pero no más. Punto. Si quieres saber más, tendrás que averiguarlo tú mismo.

Señores, en mi humilde opinión, ante estos tres casos, el único cómic que yo leería… sería el tercero. El Autor.

No me importa la opinión que tenga sobre sí mismo. Me da igual si considera su obra como buena o mala. Lo que me importa de verdad, lo verdaderamente relevante al final para mi es CONSTRUIRME MI PROPIA OPINIÓN SOBRE ÉL, ¿y cómo lo hago? Leyendo su cómic. Tendrá una buena historia, o no, o un gran dibujo… o quizás sea muy simple. Pero me leeré su cómic. Porque es el suyo, y lo muestra con la cabeza alta, orgulloso de su trabajo, pero sin prepotencia, y decide compartirlo contigo. Puede que te guste o no, pero como mínimo merece ser leído.

Y que la gente elija leer tu cómic entre todos los demás… es un logro. Es el logro más necesario de todos: atraer al lector.

Hagamos un símil:

Tenemos tres puertas.



La primera de ellas es ésta, cerrada a cal y canto. Una puerta cerrada te prohíbe ver lo que hay dentro, categóricamente. Puede que lo prohibido en un principio atraiga, pero si intentas abrir la puerta y la encuentras cerrada con llave, al segundo o tercer intento te aburres y vas en busca de alguna otra puerta.

Esta es la puerta de los Autores Suicidas: ponen tantas trabas a su obra, se autocritican tanto y se valoran tan poco, que nunca nadie podrá saber que se esconde tras esa puerta. No leerán su obra, porque no pueden.





Esta puerta abierta de par en par es la del Autor Comercial. Miras. Ves lo que hay. “Uy, que bonito”. Lo miras un rato más, compruebas si es lo que te han vendido (generalmente, NO)… y te vas. En ocasiones puedes entrar en esa puerta… para encontrarte con otra igual de abierta. A la tercera, como mucho, te aburres porque lo sabes todo. Sabes lo que vas a ver, lo que vas a encontrar y como. Y nunca será como esperabas, porque el que te ha dicho lo que encontrarías NO TIENE LA MISMA VISIÓN QUE TU, así que tu forma de ver esa realidad será diferente. Así que te desilusionas, das media vuelta y te vas por donde has venido.

Darlo todo por sentando, suponer que ya lo sabes todo y que no te queda por mejorar, y vender tu obra como el cúlmine de tu carrera de una forma tan abierta y directa lo único que conseguirá será apartar a la gente de tu cómic, ya que por muy bien que tu lo veas cada persona tiene una visión distinta de las cosas, cada uno tendrá sus gustos, sus opiniones: les estarás engañando vendiéndoles “el comic de su vida” cuando seguramente, no lo sea. No te van a leer.



Y aquí tenemos la puerta que me gusta.




La puerta a la que yo me acercaría, a la que me asomaría, la que querría abrir. El ser humano tiene un rasgo muy caracterísitico: la curiosidad. La curiosidad de ver aquello de lo que solo se te ha mostrado una pequeña parte… “ESTE SOY YO… ESTE ES MI COMIC… ¿QUIERES ENTRAR… Y LEERLO?” No se que habrá detrás de esa puerta, pero me están invitando a entrar. No me avasallan con propaganda barata ni me atormentan con las cosas feas que puede haber dentro… simplemente me INVITAN A ENTRAR.

Alimentan mi curiosidad.

Esa es la clave: haz nacer la curiosidad de dentro de tus lectores. Deja que ellos sean los que quieran entrar en tu mundo, de forma tranquila. Cuando puedan. Cuando les apetezca. Y una vez que ya estén dentro… asegúrate de que se encuentren cómodos.

Y entonces, se quedarán contigo.


miércoles, agosto 17, 2011

Mirando al inicio



A veces, un buen día, te da por mirar atrás y ver todo lo que se deja atrás. No necesariamente proyectos abandonados (que puede ser), si no rasgos de ti que ya no recordabas.

El otro día me dio por echar un vistazo al resto de entradas del blog, desde el principio, las primeras entradas... y me di cuenta de cuánto puede cambiar una persona en tan solo seis años y pico. He de decir que me asusté. Porque me vi a mi misma... y no me reconocí.

¿Dónde quedó esa cría que hacía fotos a su cuarto lleno de frikadas? ¿Que dedicaba post enteros a un par de peluches? ¿que escribía cuentos? ¿que relataba un día normal de universidad como si fuera algo único y especial? Ya no hago esas cosas. Ya no se me ocurren. Ya no llego a casa queriendo compartir miles de cosas en un blog gratuito de la red. Llego a casa queriendo irme a la cama a ver la tele... como una persona mayor.

Hace poco mi familia y yo volvimos a mi casa de Arenales del Sol para pasar agosto, y me reencontré con mi cuarto... sí, ese cuarto al que dediqué un post entero. Ese cuarto lleno de pósters, de telares, de figuras, de dibujitos, de peluches y de llaveritos, que han cambiado mil y una veces. Entré en ese cuarto y sentí una de las peores sensaciones de nostalgia que se puedan sentir:

La sensación de no sentir nada al ver esas cosas del cuarto, pero de recordar lo mucho que significaron para mi en otra época, y la ilusión que me hacía entrar ahí y simplemente estar rodeada de las cosas que me gustan.

Recordar lo feliz que era en ese minúsculo cuarto lleno de chorradas y no saber recuperar esa emoción...fue, y es, lo peor.

Me veo en las fotos que colgué aquí mismo hace unos años, y me veo ahora... y no veo a la misma persona. Antes era una niña cuya principal ilusión era decidir cual iba a ser el cosplay para su próximo salón... y ahora veo una chica más preocupada por su aspecto que por llevar el disfraz del personaje que le gusta. Hay una gran diferencia entre una y otra, y me aterra.

Me aterra olvidar el espíritu de niña. Me aterra pensar que ya no me "fangirlizo" de ningún personaje (aquello era una mañacada... pero, coño, era mi mañacada), que no vivo tanto un videojuego, o que cada vez me cuesta más mostrar interés en alguna serie de cómic.

Y me he dado cuenta de algo: dependo más de los demás de lo que quisiera reconocer. Soy feliz cuando mi círculo de amistades siguen las mismas aficiones que yo, pero cuando esas aficiones dejan de ser tan importantes para los demás, yo me quedo atrás dando coletazos, intentando que los demás vuelvan a mi... que vuelvan a lo que a mi me gusta.

Debería disfrutar de lo que a mi me gusta independientemente de los demás, pero por alguna razón, no puedo disfrutar tanto de algo si no lo puedo compartir al máximo con los míos. Y eso es algo terriblemente egoísta por mi parte.

En estos momentos puedo afirmar que soy feliz, tengo un novio al que quiero y que me quiere, unos amigos fenomenales y una buena familia... pero no puedo dejar de pensar que he perdido algo. Algo de mi, algo que se quedó registrado en este blog hace años y que ahora no consigo recuperar.

Quizá solo sea una etapa, pero me da miedo perder ese algo para siempre. Ese algo que me provoca una nostalgia intensa que a veces me obliga a salir de mi cuarto cuando se me amontonan las lágrimas en los ojos y el nudo en el estómago se hace insoportable.

Y tal vez solo sea un cambio más... un cambio más en la vida, como siempre.



Detesto los cambios. Siempre los he detestado....