
A veces es bueno sentarte un ratito frente a la pantalla del ordenador y simplemente escribir. Lo primero que se te ocurra.
A veces salen cuentos, a veces salen confesiones, a veces salen desahogos… pero todo ello sale de muy dentro, de algún rinconcito de la conciencia que solo sale al exterior a través de un teclado o de un bolígrafo. A veces hasta de un lápiz o portaminas, todo depende de lo que tengas más a mano.
Yo hace mucho que no hago algo así. Tal vez sea porque, últimamente, mi vida está en una etapa estable, o todo lo estable que puede estar una vida en general. Aunque, de cualquier forma, tampoco he sido o me he considerado una persona que piense en usar el blog para gritar al mundo su disconformidad o sus batallas personales, sus tristezas o sus desilusiones.
Sí que es cierto que ha habido veces en donde he reflejado un momento de bajón con algún relato, pero siempre encriptando la razón del mismo entre metáforas y complicadas descripciones, de forma que muy, pero que muy poca gente podía adivinar realmente que me pasaba. Y solo ha habido dos post de carácter triste y decadente. Y ambos fueron borrados rápidamente.
La vida está llena de recovecos oscuros y horribles, y a veces no te das cuenta y te metes en uno de ellos. Y no encuentras la salida hasta que ya te han atacado por detrás. Las opciones que tienes en ese momento son, o bien caer de rodillas y quedarte en el recoveco ocultando la cabeza entre las manos… o bien levantarse y tratar de buscar la salida.
A veces la salida está tan oculta que tiene que venir alguien de fuera que te tienda una mano para poder salir, y otras veces estás tan ofuscado y tan cansado de estar allí encerrado que te niegas a buscar ninguna vida de escapa y te quedas gritando enfadado a la oscuridad. Solo.
Cabrearse, llorar, sufrir, gritar, odiar… todos son sentimientos humanos y todos los hemos experimentado alguna vez. Todo sentimiento es sano, pero en su justa medida, y los de este tipo hay que aprender a controlarlos, tal y como se puede controlar el costerol: necesario en cantidad justa, pero peligrosísimo en un exceso.
Por supuesto, no existen dos personas iguales, aunque sean gemelas, y cada cual tiene su forma de llevar las cosas y sus puntos de vista. Cada uno vive la vida que quiere y la que ha elegido, tanto como si quiere quedarse para siempre en uno de esos recovecos como si quiere salir, y los demás solo podemos dar opinión al respecto.
Lo importante, al final, es poder mirar atrás y no arrepentirse de nada. Se pueden añorar oportunidades que se dejaron pasar, pero no arrepentirse de haber tomado el camino que las dejaron atrás, puesto que si se dejaron ahí, es porque realmente no eran las adecuadas.
A lo largo de mi vida he elegido y desechado varias cosas. He tenido una forma de pensar, algunos ideales y opiniones que muchos han entendido, pero muy pocos han compartido. Hay ciertas cosas en las que estoy absolutamente segura de mi misma, y son precisamente este tipo de campos los que llevan a las mayores discusiones.
Y ahora es donde vuelven a haber dos opciones: se puede seguir conservando esa forma de pensar, o se puede cambiar.
Ambas opciones son igual de válidas. No existe opción correcta ni incorrecta, o al menos no de una forma tan clara. Y no estoy hablando de cambios de opinión respecto a un tema superfluo, sino de cambio de un estilo de vida, de un ideal, de una base. Estoy hablando de giros de 180º en la vida de una persona.
Hay gente que queda convencida por la parte contraria y da ese giro. Como ya he dicho, esto es algo tan bueno como malo. Una mujer puede decidir que es una barbarie la lapidación, o puede pasar a pensar que es un justo castigo. Son dos caras de una misma moneda, y lo que es la opción correcta para unos, nunca lo será para otros. Es cierto que, en algunas cuestiones (por propia lógica de respeto hacia el ser humano) la opción más sensata es clara, pero generalmente no existe ningún “bando correcto”.
Existen bandos. Y tu eliges el tuyo.
Yo elegí mis bandos hace mucho tiempo… y a día de hoy, nadie me ha hecho cambiar de idea respecto a ellos.
Hay mucha gente que no está de acuerdo con ellos, incluso hay personas que directamente me dicen que estoy equivocada en muchas cosas… pero nunca me han logrado convencer de que mi forma de vivir esté mal, o que deba cambiarla.
No se puede decir que sea una persona impulsiva, me dedico a vivir las cosas como van llegando y a tomarme las cosas con calma, o al menos toda la que puedo. Planifico cosas para el futuro, porque soy de las que pienso que el futuro va a estar ahí, y espero… Incluso hay veces en la que espero tanto, que me olvido de lo que estaba esperando, pero siempre lo recuerdo cuando me lo encuentro, o me encuentra.
Nunca nada de lo que he esperado me ha dejado tirada. Ha tardado más o menos, pero ha venido, y durante su ausencia yo lo he estado aguardando con tranquilidad, disfrutando de la vida hasta que ha llegado el momento de que me encontrara.
Muchas personas ven esto como un desperdicio de años, un desperdicio de tiempo. Muchas personas me han dicho que debería dejar de esperar y actuar… actuar y moverme yo en busca de aquello que me empeño en aguardar pacientemente.
El problema es que si me muevo yo… aquello que espero ya no me va a encontrar, porque no estaré donde siempre, donde siempre lo he esperado. Encontraré muchas cosas, no lo dudo, pero no a lo que yo siempre he buscado. O tal vez si que acabe encontrándolo, pero irónicamente tardaría más en dar con él al haberme ido de donde se me tenia que encontrar, como cuando dos personas salen en busca la una de la otra y usan un camino distinto.
No… yo no soy así. A veces me he planteado serlo, el abordar yo a lo que quiero y conseguirlo cuando yo quisiera en el momento que yo dijera… pero eso sería perseguir, eso sería correr, y correr significa no poder ver bien las cosas que hay alrededor de mi, y no verlas significaría el correr el tremendo riesgo de pasar al lado de aquello que quiero, que viaja en dirección opuesta, hacia donde debería estar yo, y no verlo… y perderlo para siempre.
Esta es mi forma de pensar. Quizá mañana o pasado tenga un accidente me deje al borde la muerte y cambie de opinión. Quizá. Y si eso ocurriera, quizá cambie de modo de pensar… y entonces dejaría de ser como soy ahora. Me convertiría en una persona mejor o peor, más lista o más tonta, o ni más ni menos que como soy ahora, pero
diferente.
De momento, me gusta ser como soy ahora. Hay veces en donde pienso ser de otra forma… pero me doy cuenta de que no tendría mucho sentido, de que después de ir a buscar… me quedaría quieta, y miraría con nostalgia mi tranquilo sitio de esperar, donde las cosas se ven siempre tan bonitas, tan agradables y tan… de cuento.
Y a mi me gusta vivir en un cuento. Me gusta pensar que la vida tiene muchas cositas bonitas que ofrecer si estas dispuesto a esperar un poco por ellas, y mirarlas. Que la vida no son solo carreras para conseguir sea como sea y cuanto antes lo que se quiera… que la vida no tiene una cinta de meta, que la vida simplemente pasa y que tu puedes pasarla corriendo de un lado a otro… o simplemente vivir lo que venga. Porque si algo ha de venir, vendrá, y, para mi, es mucho más bonito que venga a recogerte…
…como si fueras una princesa que admira las estrellas sentada al lado de una bonita ventana… y llega un apuesto a príncipe que te invita a bailar.
Si te mueves de esa ventana, si dejas de admirar todas esas estrellitas… ¿cómo va encontrarte ese príncipe que busca precisamente a una joven admirando el firmamento? Si te mueves, encontrarás tal vez a otro príncipe distinto, un príncipe que busca a una princesa que deja de mirar el firmamento, pero no será el mismo que te pudo recoger frente a la ventana.
Todo es cuestión de gustos.
A mi me gusta que vengan a recogerme. Supongo que soy demasiado vaga… o demasiado romántica.
Para algunos no soy más que una sosa.
Qué se le va a hacer, no se puede gustar a todo el mundo…