
Cuando el agobio te empieza a nublar la mente.
Cuando tras ver tres episodios seguidos de House te entra el remordimiento de no haber tocado un libro.
Cuando empiezas a pasar frenéticamente las hojas de tus apuntes en busca de ESA fórmula que NUNCA encuentras.
Cuando te toca fastidiarte y malgastar la media hora de ida y la media hora de vuelta a la universidad solo por una maldita clase.
Cuando ves ese precioso 4,6 en tu nota media.
Cuando te dicen ese "a lo mejor te aprobamos, a lo mejor no".
Cuando tu perro se come tu galleta.
Cuando tu perro se come cualquier cosa que sea tuya.
Cuando te das cuenta de que leyendo lo que te estudiaste ayer lo único que consigues recordar es el nombre "Clamidia", y solo porque la diagnosticaba House en el capítulo que viste esa mañana (uno de los tres).
O cuando te pegas una pedazo de oxtia en la cabeza contra la mesa al agacharte a coger un papel que tu perro ha cogido de tu cuarto para comérselo...
... que es además el papel donde estaba la fórmula que buscabas...
... es en esos momentos, cuando tienes ganas de lanzarte a la chimenea e incinerarte y mandarlo todo a tomar por culo (cosa que tampoco puedes, porque se podrán incendiar muchos bosques pero tu no sabes como chufas encerder la chimenea del copón...), cuando tienes ganas de tirarte de los pelos, cuando tras la josconcia en la cabeza compruebas que, efectivamente, solo recuerdas a la clamidia de entre las 50 bacterias que tenías que saber, y mientras agarras las llaves del coche (sucio, aunque lo lavaste ayer con la manguera a presión de la gasolinera... con lo cual, te lavaste tu también) para malgastar ese tiempo yendo a escuchar una clase a la que solo asisten cuatro gatos y la gilipollas de turno (adivinad quien...), es JUSTO entonces cuando aparece tu madre en la cocina y...
- Mira Mirian, me he ido de excursión con los niños del cole y me ha sobrado comida... ¿quieres un Huesitos?
...
... ...
... y entonces, dos minutos después, sentada en la cama, frente a la mesa responsable de tu dolor de cabeza y junto al perro que te roba las galletas, observando el bello calendario plagado de exámenes y al lado de tus apuntes llenos de nombres (incluída la clamidia), y, ante todo, mientras saboreas ese wonderfuloso Huesitos y recuerdas el sabor de una chocolatina que no provabas en AÑOS, es cuando por fin te das cuenta de que...
... que cojones, los 21 años no se pueden recuperar en septiembre.
Y ordenas tus apuntes de bacterias sobre la mesa con las que casi te descuernas, sonriendo al comprobar que, al menos, si te preguntan sobre la clamidia no te vas a equivocar. Le das un trocito de pan a tu perro, para que así no te quite a ti tus galletas, sales a la calle tarareando la cancioncita de la intro de House que se te ha quedado grabada gracias a tus tres capítulos con los que además te has despejado de parte de la tensión acumulada y coges el coche con el cd que te gusta a todo volumen.
Tal vez, esa clase a la que solo van cuatro gatos y la gilipollas de turno sea la única oportunidad que tengas de ver a tus amigos en toda la semana.
Una hora en coche con Hyde a toda pastilla es un precio más que asequible por ello.
Y, por fin, al volver a casa, con tu sonrisa y tu chichón, decides por fin pillar al toro por los cuernos, luchar por que ese "a lo mejor..." sea un "te aprobamos", cierras el ordenador, te despides de House hasta la noche y te preparas para tomar energías para aprenderte los 49 nombres que te faltan...
...
... ... y entonces... te das cuenta de que ya no quedan Huesitos.
Nos has jodío, a agobiarse otra vez.
Y encima ya ni te acuerdas de la clam... clami... clamid...dd... ag!.